jueves, 21 de julio de 2011

Tres grandes 4's


Desde chico mi número favorito ha sido exactamente proporcional al dorsal del futbolista que más admiro.

Primero me gustó el 5, número que portaba Ramón Ramírez en la selección mexicana. Más allá de los goles de Zague o los vistosos uniformes de Campos, Ramón fue mi primer ídolo. Todavía no sabía mucho de tácticas o posiciones en el campo, pero me encantaba el desborde y la creatividad del nayarita. Después cambió su camiseta por una más acorde a sus funciones: la 7. Por mucho tiempo el cabalístico fue mi número preferido, hasta que Ramón se fue al América y el encanto se acabó. Lo mismo me pasó poco después con el 7 de Figo al fichar por el Madrid.

Allá por 1999, el futbol europeo me abrió las puertas de un juego más rápido y espectacular. El gancho fue el mundial de Francia 98 y específicamente los brasileños Ronaldo y Rivaldo. Uno jugaba en el Inter de Milán y el otro militaba en el Barcelona. Disfrutaba mucho de las jugadas de fantasía y de los goles de estos cracks, pero quienes más me llamaron la atención fueron los capitanes de dichas escuadras: Javier Zanetti y Josep Guardiola, ambos con el número 4.

Sólo pude admirarlo un par de temporadas en el Barça, pero fue suficiente para que Pep Guardiola se convirtiera en uno de mis grandes ídolos. Su ubicación en el medio campo le permitía ser un jugador que cubría muchos metros, tanto aportaba su cuota al ataque como ayudaba a la recuperación del esférico. Guardiola fue un jugador muy completo, conducía la pelota siempre con la cabeza en alto, tenía un gran toque y un buen disparo de media distancia. Lo que más recuerdo de él es su liderazgo, la manera en que ordenaba a todo el equipo y manejaba el vestuario. Virtudes que lo hicieron el gran técnico que es hoy en día.

Al Pupi Zanetti sí lo he disfrutado un buen rato en el nerazzurro. Básicamente, Zanetti representa mi jugador ideal, o más bien, el jugador que me hubiera gustado ser. El argentino es por demás versátil, su posición natural es la lateral derecha pero se desempeña de igual modo por la banda izquierda. En las últimas temporadas lo han probado en el medio campo, y tanto de contención como de volante ha hecho un trabajo extraordinario. Zanetti se ha ganado el apodo de “el Tractor” gracias a su resistencia y por arrastrar a sus rivales cada que se agrega al frente. A sus 36 años, el Pupi no sólo es titular indiscutible sino también el símbolo del Inter, equipo para el que ha jugado los últimos 15 años.

El tercer gran 4 en mi lista tenía que ser mexicano: Rafael Márquez. Desde que jugaba en el Atlas ya se le veían condiciones de clase mundial. Su paso por el Mónaco le hizo madurar y adaptarse al futbol europeo antes de fichar por uno de los equipos más grandes del mundo. En el verano del 2003, Rafa Márquez llegó al Futbol Club Barcelona, escuadra que empezaba una nueva era con Joan Laporta en la presidencia, Frank Rijkaard de técnico y Ronaldinho como estandarte. El Káiser de Michoacán no la tuvo fácil para hacerse un lugar en el once inicial, se tuvo que ganar la confianza del entrenador y el respeto de una de las aficiones más exigentes. Su calidad lo sacó a flote, Márquez hizo muy buenas temporadas al lado de Puyol en la defensa central, pero también tuvo grandes actuaciones jugando de contención.

Rafa se convirtió en uno de los mejores centrales del mundo: es férreo en la marca, sale jugando con trazos precisos y hasta mete goles de tiro libre. Su gran problema es su fragilidad. Las lesiones condicionaron su continuidad una y otra vez, y esta última temporada se vio relegado al banquillo por el joven Gerard Piqué. Márquez nos demostró en Sudáfrica que todavía tiene mucho que dar, por lo que seguramente saldrá del Barça para recuperar la titularidad. Espero se quede en algún equipo europeo de renombre y se resista a la tentación de la MLS.


Rafa se convirtió en uno de los mejores centrales del mundo: es férreo en la marca, sale jugando con trazos precisos y hasta mete goles de tiro libre. Su gran problema es su fragilidad. Las lesiones condicionaron su continuidad una y otra vez, y en su última temporada en el Barça se vio relegado al banquillo por el joven Gerard Piqué.

Sin duda, Guardiola, Zanetti y Márquez han sido tres jugadores que han causado un gran impacto en mí y en la forma en que veo el juego.


viernes, 13 de mayo de 2011

Sobredosis de FCB-RM


Y llegó lo que todos los aficionados al futbol español habíamos esperado desde que el Barcelona enamoró al mundo y el Real Madrid comenzó su segunda etapa galáctica: un choque directo entre ellos por los tres títulos de la temporada (Copa del Rey, Liga Española y Liga de Campeones de Europa).

Cuando se confirmó que estos dos colosos disputarían cuatro partidos en tan sólo 18 días todo el mundo comenzó a especular con el morbo que suponía el duelo entre Messi y Cristiano Ronaldo, Guardiola y Mourinho, el futbol total contra la efectividad y el resultadismo. ¿Podría el Barça repetir la hazaña del 2009 ante su eterno rival, o el Madrid rompería con la hegemonía blaugrana?

La verdad es que era muy improbable que un equipo se llevara la triple corona, siendo ésta una lucha de dos pesos pesados con los mejores jugadores del mundo y dos entrenadores obsesivos en el estudio de la táctica y la motivación.

El calendario quiso que las cuatro batallas fueran de menos a más. Primero se jugó la jornada 32 de la Liga en el Santiago Bernabéu, partido que terminó empatado a un gol y que prácticamente le aseguró al Barcelona su título 21 de Liga. Este sólo fue un preámbulo, un round de estudio para medir al rival en los siguientes tres encuentros.

Tan sólo cuatro días después, se ponía en juego el primer título de la temporada: la Copa del Rey. Normalmente esta competición se demerita por ser la menos importante, pero teniendo al rival histórico enfrente esta copa tomó un valor enorme. La batalla en el campo del Valencia fue intensa, ambos equipos se batieron en un duelo sin tregua que se definió hasta el tiempo suplementario con un gol de Cristiano Ronaldo. El madridismo se alzó en júbilo y festejó un triunfo épico ante su más grande adversario.

De un momento a otro la situación había cambiado drásticamente, el Real Madrid se había repuesto de esa goleada 5-0 en noviembre del año pasado y ahora lucía como un equipo que había encontrado el antídoto anti-Barça con un planteamiento ultradefensivo y metiendo la pierna fuerte, el mismo estilo con el que Mourinho ganó el triplete con el Inter de Milán el año pasado.

No obstante, la derrota en la Copa del Rey de cierto modo le vino bien al Barcelona, le quitó toda esa presión de equipo invencible y de paso lo dejó con hambre de ganarle al Madrid en la Champions League.

Tras una intensa lucha de declaraciones entre los dos entrenadores se llevó a cabo la semifinal de la Liga de Campeones entre el Futbol Club Barcelona y el Real Madrid, la mayor tajada del pastel. Tuvieron que pasar nueve años para que catalanes y merengues se volvieran a enfrentar en esta misma instancia, curiosamente el marcador fue exactamente igual que en el 2002 (0-2 y 1-1) sólo que esta vez a favor del Barcelona.

En esta serie, Messi demostró por qué es el mejor jugador del mundo y condujo a su equipo hacia la final de Wembley. Sin embargo, ambos partidos estuvieron inmersos en la polémica arbitral que suponía ayuda para el conjunto catalán; polémica que José Mourinho, el Real Madrid y la prensa madridista magnificaron de una manera exagerada para justificar su derrota.

Es una pena que la guerra sucia entre declaraciones desafiantes, exceso de rudeza en el campo, simulación de faltas, alteración de videos, demandas y contrademandas ridículas por parte de los dos equipos haya ensuciado el entorno de esta semifinal tan anticipada.

Al final de cuentas, el maratón Barça-Madrid culminó muy igualado con dos empates y una victoria por bando. Ahora falta ver quién se queda con la Súper Copa Española que enfrenta al campeón de Liga contra el de Copa y se juega antes de que empiece la próxima temporada 2011-2012.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Caprichos


“Caprichosa porque hace lo que quiere” dice el ex jugador y ahora periodista Quique Wolff en referencia a la azarosa pelota de futbol. Igual que el balón, Zlatan Ibrahimovic es un ser voluntarioso, de idas y venidas, voluble y muy, pero muy, caprichoso.

El año pasado, en una librería de Milán me topé con un ejemplar que se titulaba “Zlatan: il campione senza maglia” (el campeón sin camiseta). Sólo lo hojee pero era evidente que se trataba de un libro sobre un gran futbolista que no hace pie donde se para.

Ibra es algo así como un talismán, donde ha jugado ha ganado títulos: en el Ajax ganó dos ligas, con la Juventus obtuvo el Scudetto un par de ocasiones (que después le serían retirados a la Vecchia Signora por corrupción), en el Inter consiguió el Scudetto tres veces consecutivas además de ser el máximo goleador en la temporada 2008-2009, y con el Barça ganó la Liga más cara de la historia (99pts) en su única temporada vestido de blaugrana.

El trofeo que le ha sido esquivo es la prestigiosa UEFA Champions League. De hecho, la temporada pasada salió del Inter porque ya se había cansado de tan sólo ganar la liga italiana y no poder acariciar la orejona, estaba seguro que con el Barcelona conseguiría esta distinción. Irónicamente, su ex equipo se coronó campeón de Europa dejando en el camino a la poderosa escuadra catalana.

Así como Zlatan es un talismán en cuanto a títulos, también suele ser un ave de mal agüero en lo que respecta al manejo del vestuario. Por alguna razón, el sueco siempre está inconforme y se las ingenia para crear polémica dentro y fuera del vestidor. Se busca problemas con el entrenador, con sus compañeros, con la prensa y hasta con los aficionados. El ambiente que se crea alrededor de Ibrahimovic es bastante pesado y difícil de manejar, si no se le da un trato VIP no está cómodo.

Con su arrivo al Milan, Ibra vuelve al futbol donde mejor se ha desempeñado y en donde encontrará elogios y abucheos al por mayor. Este fichaje bomba se suma a la reciente incorporación de Robinho a la escuadra rossonera, un equipo qué dará mucho de qué hablar si sus grandes figuras (Ronaldinho, Pato, Pirlo y Seedorf) se conectan con los refuerzos y con su nuevo entrenador Allegri. Habrá que ver si de estos gigantes se puede hacer un buen equipo que derrumbe el imperio de su vecino nerazzurro.

Por otro lado, la salida de Zlatan le restará poder al ataque culé pero dejará un grupo más unido y un mejor ambiente en el vestuario. De haberse quedado, el sueco hubiera causado mucha tensión en la disciplina de Guardiola y una tremenda rivalidad con David Villa. A final de cuentas, Arrigo Sacchi tuvo razón “fue un error llevar a Ibra al Barça”. De hecho, los dos equipos lombardos hicieron su “agosto” a costa del Barcelona: el Inter lo vendió a precio de oro (86mde) y el Milan lo regateó hasta los 24 millones de euros. El peor negocio de la entidad catalana.

Claramente recuerdo cuando Zlatan Ibrahimovic llegó al Inter y aseguró que había cumplido su sueño de niño. Cuando llegó al Barça de inmediato besó el escudo y afirmó que le había pedido al presidente del Inter que no lo llevara a otro equipo más que al Barcelona porque esa era su más grande ilusión. Ahora que se puso la camiseta del Milán dijo: “No me iré del Milan hasta que lo gane todo”. Estoy convencido que en un año o dos acabará jugando de blanco a las órdenes de Mourinho.

Sin duda, Ibra pasará a la historia como un gran jugador, pero no se le recordará con una camiseta tatuada a la piel como a otros futbolistas de la talla de Zanetti, Lampard, Rooney o Buffon, que, aunque no hayan salido de las inferiores de su club actual, han echado raíces y son símbolos de sus equipos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Farol de la calle


Tras un pobre desempeño en el Mundial de Sudáfrica, una decepcionante actuación en su propia Copa América, y haber perdido por primera vez en eliminatorias mundialistas con Venezuela, la selección Argentina está en crisis y todas las miradas apuntan al mejor jugador del mundo: Lionel Messi.

Realmente es muy injusto culpar a Messi por el bajo rendimiento de la Albiceleste y esperar que, por su simple presencia, el equipo sea espectacular. No obstante, muchos nos preguntamos por qué el crack argentino sólo luce vestido de azulgrana, por qué en su selección no es ni la mitad del jugador que deslumbra al mundo en el
Barcelona.

Es sabido que hay ‘futbolistas de clubes’, jugadores que brillan en sus respectivos equipos pero que al momento de integrar la selección nacional se desinflan y les queda grande la camiseta; así como también existen jugadores que, extrañamente, tienen un rendimiento más alto con su seleccionado que en su propio club.

Aunque pareciera encajar en el primer grupo, el caso de Messi es diferente. El problema no es que Leo se achique con la camiseta albiceleste ni que le pese ser el sucesor de Maradona, sino que en la selección no ha encontrado el entrenador, los compañeros ni el sistema de juego indicado para poder explotar todo su potencial que le vemos semana a semana en la liga española.

Desde que Lionel Messi heredó el 10 de Riquelme, el técnico en turno (llámese Basile, Maradona o Batista) ha intentado hacer de él su piedra angular, ese jugador en el que se basa el proyecto de la selección. Quizá ese ha sido el error: tratar de armar un equipo para Messi y dejar que todo gire alrededor de él; algo que no sucede en el Barcelona donde, si bien Leo es imprescindible, el esquema del club se basa en su juego de conjunto y distribuye el peso del equipo en otros jugadores de la misma escuela como Xavi, Iniesta o Fábregas.

Seguramente esa es la gran diferencia entre Messi y Maradona: ‘La Pulga’ necesita que el peso del equipo esté repartido para poder jugar libre, mientras que Diego se sentía cómodo cargando toda la responsabilidad en su espalda. De ahí que Messi todavía no haya podido calar hondo en el hincha argentino, su bajo perfil y tímida personalidad contrastan con la vida de rockstar que ha llevado Diego Armando Maradona.

Otro factor que juega en contra de la popularidad de Lionel en su propio país es que, a diferencia de ídolos locales como Tévez o Riquelme, Messi nunca jugó profesionalmente en el futbol argentino, ya que con apenas doce años se integró a la disciplina del Fútbol Club Barcelona. Es por eso que no tiene un equipo o afición propia en Argentina.

La constante comparación con Maradona, así como la sequía albiceleste de 25 años sin levantar la Copa del Mundo, representan una carga adicional en los hombros de Leo Messi. De hecho, la última vez que la selección argentina mayor ganó algo fue la Copa América de 1993, precisamente en una final contra México.

Con todos sus goles, récords, títulos y premios individuales, la prensa constantemente abre el debate sobre si el astro argentino está a la altura de los mejores jugadores de la historia. Es evidente que si sigue como hasta ahora marcará una época y podrá considerarse como el mejor de todos los tiempos; no obstante, para ubicarse a la altura de Pelé o Maradona, Messi tendría que brillar con la selección argentina y ganar una Copa del Mundo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Malherido mas no muerto


Una pregunta ronda por la cabeza de José Luis Real y de todo el entorno futbolístico nacional: ¿cómo se le hace para afrontar la Final de vuelta de la Copa Libertadores en Brasil y con desventaja en el marcador?

En efecto, el panorama no es alentador para el equipo más popular de México. No sólo perdió en el estreno oficial de su nueva casa, sino que fue superado ampliamente por un equipo que parecía local y que le sentó muy bien el pasto sintético. De hecho, el resultado se quedó muy corto para lo que fue el encuentro, el Inter de Porto Alegre fácilmente pudo haber liquidado la Final en el partido de ida.

Lo más decepcionante para la afición rojiblanca fue la pobre imagen que dejó su equipo en la cancha, la pasiva actitud de Chivas ante una oportunidad única. No parecía un duelo entre los dos mejores equipos del continente, parecía un partido de primera ronda en donde las diferencias pueden ser muy marcadas.

Para muchos el marcador 1-2 es una losa muy pesada y casi irremontable. Todos hablan de que salir con el trofeo en las manos es prácticamente imposible. Es verdad que ir al estadio Beira-Rio con un gol en contra supone un reto mayúsculo, pero Chivas ha dado grandes partidos de visitante en esta competición. Recordemos aquella gran victoria en el Morumbí cuando le cortaron al Sao Paulo una racha de 19 años sin derrota en torneo internacional. Un año antes (2005), una soberbia actuación de Jesús Corona en la cancha de Boca le dio el pase a las semifinales. Y hace un par de semanas, Chivas nos brindó un recital en territorio chileno para instalarse en su primera final de Libertadores.

Es por eso que el Güero Real sabe que aún no están muertos y se aferra a sus posibilidades. Lo que no se sabe es qué equipo saltará a la cancha este miércoles, su carácter voluble e impredecible lo hace capaz de ofrecer un futbol de primer toque, veloz y muy vertical, pero también de bloquearse y no encontrar variantes en su juego.

A mi parecer, la mejor versión de Chivas es una combinación entre el joven equipo que, con nada que perder, enfrentó sin reparos a Vélez Sarsfield y a Libertad, y los jugadores con más experiencia que integraron a la selección mexicana en Sudáfrica.

Volviendo a la pregunta inicial, ¿qué hacer para volver a casa con la Copa? Chivas tiene que decidir entre salir a aguantar la presión del Inter y tratar de cazarlos en algún contragolpe, jugada a balón parado, algún error brasileño; o intentar llevar las riendas del encuentro buscando afanosamente el gol del empate global. Lo más conveniente para el equipo tapatío sería encontrar un equilibrio entre estas dos posturas, pues si adopta alguna de ellas tajantemente corre el riesgo de llevarse una goleada de escándalo.

Chivas tendrá una tarea muy difícil por delante, deberá anular la salida de los laterales Nei y Kléber, así como frenar los ataques de Giuliano, Alecsandro y sobre todo de su cerebro Andrés D’Alessandro. Así como esperar que Mejía y Báez manejen los hilos del medio campo, que Bravo, Arellano y el Bofo salgan inspirados y, especialmente, que Michel y la defensa mantengan viva la esperanza rojiblanca.

Para poder lograr el objetivo, el Guadalajara tiene que hacer un partido perfecto y el Internacional tendría que bajar un poco el nivel mostrado en el estadio Omnilife. Se tendría que dar esta combinación para que Chivas pudiera tener la posibilidad de hacer historia por el futbol mexicano.

lunes, 9 de agosto de 2010

Rebaño OMNIpotente


Momento de hablar del equipo que se está llevando todos los reflectores: las Chivas rayadas de Guadalajara. Ya sea por su histórica clasificación a la Final de la Copa Libertadores, por la apertura de su nuevo estadio, por haber jugado de local en el Azteca, y hasta por el revuelo que ha causado el ex rojiblanco Javier Hernández en el Manchester United, Chivas está en todas partes.

La institución tapatía está de fiesta y espera que la dicha se prolongue. Jorge Vergara no cabe en sí mismo y se regodea en cada oportunidad. No es para menos, sus “absurdas” promesas se están llevando a cabo.

A pesar de las atrocidades de su administración (despidos injustificados, contratar a Raúl Árias, correr a Ramón Morales), Vergara ha cumplido con sacar buenos jugadores jóvenes de la cantera (exportando varios a Europa), respetar el estilo ofensivo de Chivas, construirle un estadio de primer nivel y mantener al equipo en los primeros lugares.

También es verdad que en su gestión sólo se ha llegado a dos finales y se ha ganado un título. Esta vez, Chivas está a las puertas de conseguir el galardón más prestigioso del continente: la Copa Libertadores.

La victoria en Santiago 0-2 sobre la Universidad de Chile fue una prueba fehaciente de que Chivas está para pelear la Copa. El escenario era complicado: jugar de visitante con la obligación de marcar pues el empate a cero era para la U. Más allá de condicionar el accionar tapatío, esto acabó beneficiando al equipo mexicano porque así no especularon con el resultado y jugaron más sueltos.

A pesar las bajas de Esparza, Medina y Arellano (de última hora), Chivas demostró ser una escuadra sólida, compacta y dinámica. Un equipo cuya estructura no se desploma por la ausencia de uno o dos jugadores, que ha encontrado un sistema para atacar de forma constante pero sin descuidar las labores defensivas.

Salvo los últimos minutos del primer tiempo, Chivas dominó las acciones del partido a placer. Supo pegar en el momento preciso y contuvo los peligrosos ataques andinos. De hecho, el resultado pudo ser más abultado si Bravo y el Bofo hubieran estado más finos en la definición.

Lo único bueno de posponer la Copa Libertadores para después del mundial, fue que Chivas no tuvo que elegir entre la Copa y la liguilla. Ahora tranquilamente puede encarar los dos torneos sin partir el equipo o tirar a la basura una de las dos competiciones.

El gran mérito de José Luis Real (acostumbrado a trabajar con jóvenes) es haber encontrado el balance justo para el equipo. Por una parte, el grueso del plantel lo integran jugadores consagrados (algunos de selección) como Michel, Reynoso, Magallón, Medina, Bautista y Bravo. La segunda franja la conforman futbolistas del tipo de Mejía, Araujo, Báez, Esparza y Fabián, jóvenes con experiencia que refrescan el grupo y lo hacen más dinámico. Por último, los chicos que empiezan a jugar en el primer equipo llámese Ponce, De Luna, Ocampo, Vázquez o Pérez, han cumplido su labor y no se han achicado en los momentos importantes.

Ahora se viene, tal vez, el desafío más importante de la historia rojiblanca: medirse al Inter de Porto Alegre y levantar, por vez primera para algún club mexicano, la Copa Libertadores.

De entrada, resulta una empresa complicada por la calidad del rival y el historial negativo contra equipos brasileños. Sin embargo, este Chivas ha sabido sacar adelante las instancias previas, ya sea aguantando un resultado positivo o yendo a buscar el partido en campo ajeno, el Guadalajara aprendió a jugar los partidos de 180 minutos.

jueves, 29 de julio de 2010

Más de lo mismo


Acabó la fiebre mundialista y caímos de vuelta en la realidad. El futbol mexicano nos recibe con un semestre lleno de incertidumbre tanto en el torneo local como en la selección nacional.

Este lunes, los dueños de los equipos de la Primera División se reunieron con los dirigentes de la Federación Mexicana de Futbol para decidir el futuro inmediato del Tri. Después de varias horas de deliberación, los hombres de pantalón largo concluyeron que lo mejor era posponer el nombramiento del técnico nacional hasta el próximo año y, por mientras, poner al frente al Ojitos Meza y Efraín Flores como interinos.

Una determinación por demás ridícula y falta de convicción. Se supone que la Femexfut debería de haber aprendido de los errores del pasado, sin embargo, parece que se esfuerzan por entorpecer el progreso de la selección. Lo peor de todo es que los 18 propietarios coincidieron en ratificar en sus respectivos puestos a Justino Compeán y a Decio de María otros cuatro años. Eso quiere decir otro ciclo de atraso o, si bien nos va, de estancamiento. No se puede aspirar a grandes cosas con este tipo de medidas.

Por otro lado, el pasado fin de semana se puso en marcha el Apertura 2010. Para este torneo algunos trajeron refuerzos de renombre. América sacó del exilio a Vicente Sánchez, Santos y Monterrey recuperaron a Christian Benítez y Humberto Suazo respectivamente, Morelia hizo un gran fichaje con Federico Vilar, y Tigres sacó la cartera para llevarse a Damián Álvarez. Otros como Pumas y Chivas no hicieron contrataciones a pesar de la marcha de sus mejores jugadores a Europa. Y hubo escuadras como San Luis y Puebla que de plano cambiaron a todo el equipo.

Lo más relevante de la primera jornada fue la victoria 3-0 del Pachuca ante el América, el buen arranque de Cruz Azul venciendo por el mismo marcador a los Estudiantes, y la goliza 4-1 a domicilio del Santos a un Atlante que echó de menos al argentino Vilar.

Más allá de estos marcadores abultados, todavía es muy pronto para destacar a un equipo sobre los otros. Además, este tipo de torneos cortos no ofrece ningún tipo de garantía, cualquiera le puede ganar a cualquiera y la única certeza es que el equipo que llegue embalado a la liguilla tendrá muchas posibilidades de alzarse con el título.

En actividad de la Copa Libertadores, Chivas disputó el juego de ida de las semifinales contra la Universidad de Chile en el estadio Azteca. Decisión polémica por ser la casa del América pero una gran oportunidad para millones de rojiblancos capitalinos de ver a su equipo favorito en una semifinal del torneo continental.

Lamentablemente, el Guadalajara sólo pudo conseguir un empate a uno y dejó escapar la gran oportunidad de ir a Chile con ventaja para buscar el boleto a la final. Los del Güero Real desperdiciaron todo el primer tiempo, se les vio perdidos, faltos de ideas y de variantes. La segunda parte estuvo más movida, Chivas se fue con todo al ataque. No obstante, fue la U de Chile quien abrió el marcador aprovechando un grave error de Héctor Reinoso que, en vez de despejar la pelota, se la entregó a Olivera que sirvió a un solitario Olarra, éste no tuvo más que empujar el balón al arco. El rebaño reaccionó de inmediato, a la salida de un corner, Omar Arellano encontró el empate tras el rechace del portero a un remate de Bravo.

A pesar de tener oportunidades, Chivas no pudo salir airoso del Azteca. El empate le sabe a poco, más aún por la buena imagen que dejaron los juveniles en los partidos contra Vélez Sarsfield y Libertad. Para acceder a la gran final, los tapatíos tendrán que ahuyentar a sus propios fantasmas que los han dejado en esta instancia un par de veces, además de luchar contra un buen equipo chileno y, seguramente, contra el arbitraje sudamericano.