lunes, 23 de agosto de 2010

Farol de la calle


Tras un pobre desempeño en el Mundial de Sudáfrica, una decepcionante actuación en su propia Copa América, y haber perdido por primera vez en eliminatorias mundialistas con Venezuela, la selección Argentina está en crisis y todas las miradas apuntan al mejor jugador del mundo: Lionel Messi.

Realmente es muy injusto culpar a Messi por el bajo rendimiento de la Albiceleste y esperar que, por su simple presencia, el equipo sea espectacular. No obstante, muchos nos preguntamos por qué el crack argentino sólo luce vestido de azulgrana, por qué en su selección no es ni la mitad del jugador que deslumbra al mundo en el
Barcelona.

Es sabido que hay ‘futbolistas de clubes’, jugadores que brillan en sus respectivos equipos pero que al momento de integrar la selección nacional se desinflan y les queda grande la camiseta; así como también existen jugadores que, extrañamente, tienen un rendimiento más alto con su seleccionado que en su propio club.

Aunque pareciera encajar en el primer grupo, el caso de Messi es diferente. El problema no es que Leo se achique con la camiseta albiceleste ni que le pese ser el sucesor de Maradona, sino que en la selección no ha encontrado el entrenador, los compañeros ni el sistema de juego indicado para poder explotar todo su potencial que le vemos semana a semana en la liga española.

Desde que Lionel Messi heredó el 10 de Riquelme, el técnico en turno (llámese Basile, Maradona o Batista) ha intentado hacer de él su piedra angular, ese jugador en el que se basa el proyecto de la selección. Quizá ese ha sido el error: tratar de armar un equipo para Messi y dejar que todo gire alrededor de él; algo que no sucede en el Barcelona donde, si bien Leo es imprescindible, el esquema del club se basa en su juego de conjunto y distribuye el peso del equipo en otros jugadores de la misma escuela como Xavi, Iniesta o Fábregas.

Seguramente esa es la gran diferencia entre Messi y Maradona: ‘La Pulga’ necesita que el peso del equipo esté repartido para poder jugar libre, mientras que Diego se sentía cómodo cargando toda la responsabilidad en su espalda. De ahí que Messi todavía no haya podido calar hondo en el hincha argentino, su bajo perfil y tímida personalidad contrastan con la vida de rockstar que ha llevado Diego Armando Maradona.

Otro factor que juega en contra de la popularidad de Lionel en su propio país es que, a diferencia de ídolos locales como Tévez o Riquelme, Messi nunca jugó profesionalmente en el futbol argentino, ya que con apenas doce años se integró a la disciplina del Fútbol Club Barcelona. Es por eso que no tiene un equipo o afición propia en Argentina.

La constante comparación con Maradona, así como la sequía albiceleste de 25 años sin levantar la Copa del Mundo, representan una carga adicional en los hombros de Leo Messi. De hecho, la última vez que la selección argentina mayor ganó algo fue la Copa América de 1993, precisamente en una final contra México.

Con todos sus goles, récords, títulos y premios individuales, la prensa constantemente abre el debate sobre si el astro argentino está a la altura de los mejores jugadores de la historia. Es evidente que si sigue como hasta ahora marcará una época y podrá considerarse como el mejor de todos los tiempos; no obstante, para ubicarse a la altura de Pelé o Maradona, Messi tendría que brillar con la selección argentina y ganar una Copa del Mundo.

lunes, 16 de agosto de 2010

Malherido mas no muerto


Una pregunta ronda por la cabeza de José Luis Real y de todo el entorno futbolístico nacional: ¿cómo se le hace para afrontar la Final de vuelta de la Copa Libertadores en Brasil y con desventaja en el marcador?

En efecto, el panorama no es alentador para el equipo más popular de México. No sólo perdió en el estreno oficial de su nueva casa, sino que fue superado ampliamente por un equipo que parecía local y que le sentó muy bien el pasto sintético. De hecho, el resultado se quedó muy corto para lo que fue el encuentro, el Inter de Porto Alegre fácilmente pudo haber liquidado la Final en el partido de ida.

Lo más decepcionante para la afición rojiblanca fue la pobre imagen que dejó su equipo en la cancha, la pasiva actitud de Chivas ante una oportunidad única. No parecía un duelo entre los dos mejores equipos del continente, parecía un partido de primera ronda en donde las diferencias pueden ser muy marcadas.

Para muchos el marcador 1-2 es una losa muy pesada y casi irremontable. Todos hablan de que salir con el trofeo en las manos es prácticamente imposible. Es verdad que ir al estadio Beira-Rio con un gol en contra supone un reto mayúsculo, pero Chivas ha dado grandes partidos de visitante en esta competición. Recordemos aquella gran victoria en el Morumbí cuando le cortaron al Sao Paulo una racha de 19 años sin derrota en torneo internacional. Un año antes (2005), una soberbia actuación de Jesús Corona en la cancha de Boca le dio el pase a las semifinales. Y hace un par de semanas, Chivas nos brindó un recital en territorio chileno para instalarse en su primera final de Libertadores.

Es por eso que el Güero Real sabe que aún no están muertos y se aferra a sus posibilidades. Lo que no se sabe es qué equipo saltará a la cancha este miércoles, su carácter voluble e impredecible lo hace capaz de ofrecer un futbol de primer toque, veloz y muy vertical, pero también de bloquearse y no encontrar variantes en su juego.

A mi parecer, la mejor versión de Chivas es una combinación entre el joven equipo que, con nada que perder, enfrentó sin reparos a Vélez Sarsfield y a Libertad, y los jugadores con más experiencia que integraron a la selección mexicana en Sudáfrica.

Volviendo a la pregunta inicial, ¿qué hacer para volver a casa con la Copa? Chivas tiene que decidir entre salir a aguantar la presión del Inter y tratar de cazarlos en algún contragolpe, jugada a balón parado, algún error brasileño; o intentar llevar las riendas del encuentro buscando afanosamente el gol del empate global. Lo más conveniente para el equipo tapatío sería encontrar un equilibrio entre estas dos posturas, pues si adopta alguna de ellas tajantemente corre el riesgo de llevarse una goleada de escándalo.

Chivas tendrá una tarea muy difícil por delante, deberá anular la salida de los laterales Nei y Kléber, así como frenar los ataques de Giuliano, Alecsandro y sobre todo de su cerebro Andrés D’Alessandro. Así como esperar que Mejía y Báez manejen los hilos del medio campo, que Bravo, Arellano y el Bofo salgan inspirados y, especialmente, que Michel y la defensa mantengan viva la esperanza rojiblanca.

Para poder lograr el objetivo, el Guadalajara tiene que hacer un partido perfecto y el Internacional tendría que bajar un poco el nivel mostrado en el estadio Omnilife. Se tendría que dar esta combinación para que Chivas pudiera tener la posibilidad de hacer historia por el futbol mexicano.

lunes, 9 de agosto de 2010

Rebaño OMNIpotente


Momento de hablar del equipo que se está llevando todos los reflectores: las Chivas rayadas de Guadalajara. Ya sea por su histórica clasificación a la Final de la Copa Libertadores, por la apertura de su nuevo estadio, por haber jugado de local en el Azteca, y hasta por el revuelo que ha causado el ex rojiblanco Javier Hernández en el Manchester United, Chivas está en todas partes.

La institución tapatía está de fiesta y espera que la dicha se prolongue. Jorge Vergara no cabe en sí mismo y se regodea en cada oportunidad. No es para menos, sus “absurdas” promesas se están llevando a cabo.

A pesar de las atrocidades de su administración (despidos injustificados, contratar a Raúl Árias, correr a Ramón Morales), Vergara ha cumplido con sacar buenos jugadores jóvenes de la cantera (exportando varios a Europa), respetar el estilo ofensivo de Chivas, construirle un estadio de primer nivel y mantener al equipo en los primeros lugares.

También es verdad que en su gestión sólo se ha llegado a dos finales y se ha ganado un título. Esta vez, Chivas está a las puertas de conseguir el galardón más prestigioso del continente: la Copa Libertadores.

La victoria en Santiago 0-2 sobre la Universidad de Chile fue una prueba fehaciente de que Chivas está para pelear la Copa. El escenario era complicado: jugar de visitante con la obligación de marcar pues el empate a cero era para la U. Más allá de condicionar el accionar tapatío, esto acabó beneficiando al equipo mexicano porque así no especularon con el resultado y jugaron más sueltos.

A pesar las bajas de Esparza, Medina y Arellano (de última hora), Chivas demostró ser una escuadra sólida, compacta y dinámica. Un equipo cuya estructura no se desploma por la ausencia de uno o dos jugadores, que ha encontrado un sistema para atacar de forma constante pero sin descuidar las labores defensivas.

Salvo los últimos minutos del primer tiempo, Chivas dominó las acciones del partido a placer. Supo pegar en el momento preciso y contuvo los peligrosos ataques andinos. De hecho, el resultado pudo ser más abultado si Bravo y el Bofo hubieran estado más finos en la definición.

Lo único bueno de posponer la Copa Libertadores para después del mundial, fue que Chivas no tuvo que elegir entre la Copa y la liguilla. Ahora tranquilamente puede encarar los dos torneos sin partir el equipo o tirar a la basura una de las dos competiciones.

El gran mérito de José Luis Real (acostumbrado a trabajar con jóvenes) es haber encontrado el balance justo para el equipo. Por una parte, el grueso del plantel lo integran jugadores consagrados (algunos de selección) como Michel, Reynoso, Magallón, Medina, Bautista y Bravo. La segunda franja la conforman futbolistas del tipo de Mejía, Araujo, Báez, Esparza y Fabián, jóvenes con experiencia que refrescan el grupo y lo hacen más dinámico. Por último, los chicos que empiezan a jugar en el primer equipo llámese Ponce, De Luna, Ocampo, Vázquez o Pérez, han cumplido su labor y no se han achicado en los momentos importantes.

Ahora se viene, tal vez, el desafío más importante de la historia rojiblanca: medirse al Inter de Porto Alegre y levantar, por vez primera para algún club mexicano, la Copa Libertadores.

De entrada, resulta una empresa complicada por la calidad del rival y el historial negativo contra equipos brasileños. Sin embargo, este Chivas ha sabido sacar adelante las instancias previas, ya sea aguantando un resultado positivo o yendo a buscar el partido en campo ajeno, el Guadalajara aprendió a jugar los partidos de 180 minutos.

jueves, 29 de julio de 2010

Más de lo mismo


Acabó la fiebre mundialista y caímos de vuelta en la realidad. El futbol mexicano nos recibe con un semestre lleno de incertidumbre tanto en el torneo local como en la selección nacional.

Este lunes, los dueños de los equipos de la Primera División se reunieron con los dirigentes de la Federación Mexicana de Futbol para decidir el futuro inmediato del Tri. Después de varias horas de deliberación, los hombres de pantalón largo concluyeron que lo mejor era posponer el nombramiento del técnico nacional hasta el próximo año y, por mientras, poner al frente al Ojitos Meza y Efraín Flores como interinos.

Una determinación por demás ridícula y falta de convicción. Se supone que la Femexfut debería de haber aprendido de los errores del pasado, sin embargo, parece que se esfuerzan por entorpecer el progreso de la selección. Lo peor de todo es que los 18 propietarios coincidieron en ratificar en sus respectivos puestos a Justino Compeán y a Decio de María otros cuatro años. Eso quiere decir otro ciclo de atraso o, si bien nos va, de estancamiento. No se puede aspirar a grandes cosas con este tipo de medidas.

Por otro lado, el pasado fin de semana se puso en marcha el Apertura 2010. Para este torneo algunos trajeron refuerzos de renombre. América sacó del exilio a Vicente Sánchez, Santos y Monterrey recuperaron a Christian Benítez y Humberto Suazo respectivamente, Morelia hizo un gran fichaje con Federico Vilar, y Tigres sacó la cartera para llevarse a Damián Álvarez. Otros como Pumas y Chivas no hicieron contrataciones a pesar de la marcha de sus mejores jugadores a Europa. Y hubo escuadras como San Luis y Puebla que de plano cambiaron a todo el equipo.

Lo más relevante de la primera jornada fue la victoria 3-0 del Pachuca ante el América, el buen arranque de Cruz Azul venciendo por el mismo marcador a los Estudiantes, y la goliza 4-1 a domicilio del Santos a un Atlante que echó de menos al argentino Vilar.

Más allá de estos marcadores abultados, todavía es muy pronto para destacar a un equipo sobre los otros. Además, este tipo de torneos cortos no ofrece ningún tipo de garantía, cualquiera le puede ganar a cualquiera y la única certeza es que el equipo que llegue embalado a la liguilla tendrá muchas posibilidades de alzarse con el título.

En actividad de la Copa Libertadores, Chivas disputó el juego de ida de las semifinales contra la Universidad de Chile en el estadio Azteca. Decisión polémica por ser la casa del América pero una gran oportunidad para millones de rojiblancos capitalinos de ver a su equipo favorito en una semifinal del torneo continental.

Lamentablemente, el Guadalajara sólo pudo conseguir un empate a uno y dejó escapar la gran oportunidad de ir a Chile con ventaja para buscar el boleto a la final. Los del Güero Real desperdiciaron todo el primer tiempo, se les vio perdidos, faltos de ideas y de variantes. La segunda parte estuvo más movida, Chivas se fue con todo al ataque. No obstante, fue la U de Chile quien abrió el marcador aprovechando un grave error de Héctor Reinoso que, en vez de despejar la pelota, se la entregó a Olivera que sirvió a un solitario Olarra, éste no tuvo más que empujar el balón al arco. El rebaño reaccionó de inmediato, a la salida de un corner, Omar Arellano encontró el empate tras el rechace del portero a un remate de Bravo.

A pesar de tener oportunidades, Chivas no pudo salir airoso del Azteca. El empate le sabe a poco, más aún por la buena imagen que dejaron los juveniles en los partidos contra Vélez Sarsfield y Libertad. Para acceder a la gran final, los tapatíos tendrán que ahuyentar a sus propios fantasmas que los han dejado en esta instancia un par de veces, además de luchar contra un buen equipo chileno y, seguramente, contra el arbitraje sudamericano.

miércoles, 14 de julio de 2010

Furia dorada



El sueño ibérico se hizo realidad. España, por fin, se consagró campeona del mundo y su generación dorada ya forma parte de la élite futbolística.
Aunque, la Final de la Copa del Mundo no fue para nada como se esperaba. Se suponía que el toque español dominara el partido a placer y que Holanda iba a estar bien parada, lista para aprovechar las oportunidades que se le presentaran. Nada de eso sucedió. En cambio, el juego ríspido y los errores en ataque marcaron la pauta del encuentro.

Es verdad que tanto España como Holanda quedaron a deber, que no nos brindaron el partido que todos esperábamos, pero el gran culpable no fue otro más que el árbitro Howard Webb, el silbante británico arruinó la Final.

Webb salió a la cancha con una consigna: no expulsar a nadie para no incidir en el resultado. Los jugadores, en seguida se percataron que el árbitro permitía la fuerza desmedida y se sintieron con total impunidad para dar y repartir patadas. Bien que mal, Howard Webb empezó manejando el encuentro. Amonestó a Van Persie, Puyol y Van Bommel, este último estuvo al filo de la expulsión. Sin embargo, la final se rompió al minuto 28, después de que el árbitro no expulsara a Nigel De Jong tras clavarle los tachones en el pecho a Xabi Alonso en una entrada brutal.

A partir de entonces, Webb perdió el rumbo y ya no pudo enmendar su camino. Solapó el juego áspero de los holandeses (28 faltas y otras que no se marcaron) y esto fue desesperando a jugadores limpios como Iniesta o Pedro, que empezaron a cometer faltas y buscaron cobrar justicia por su propia mano.

Más allá del arbitraje, los dos equipos jugaron muy por debajo de su nivel. Algunos dicen que, en general, fue un partido aburrido. No sé si el adjetivo “aburrido” sea el más adecuado para describir esta Final. Yo diría que fue un encuentro deslucido, trabado, feo y tenso; pero esa misma tensión fue lo que me mantenía conectado al partido.
El hecho de que el gol no cayera de ningún lado, fue lo que mantuvo atascado el cotejo. Y no fue por falta de oportunidades: Sergio Ramos desperdició un remate de cabeza solo y su alma, Arjen Robben tuvo dos mano a mano con Casillas y no pudo con él, Cesc Fábregas tuvo la gran oportunidad de dejar solo a Villa pero eligió disparar y estrelló su remate en el arquero, y Joris Mathijsen estuvo cerca del gol en un par de ocasiones y las erró. El mismo Andrés Iniesta, antes de definir el partido, se perdió una clara posibilidad por tardarse en rematar al arco.

Probablemente, el factor que desequilibró la final fue, muy a pesar de Howard Webb, la segunda tarjeta amarilla a Johnny Heitinga. La expulsión del central (109’) obligó al técnico holandés a retrasar la posición de Rafael Van der Vaart, este movimiento hizo vulnerable el fondo de la saga anaranjada.

Parecía que el gol nunca iba a caer, que la final estaba condenada a definirse desde el manchón penal. A cuatro minutos del final, cuando Del Bosque y Van Marwijk pensaban en los cinco elegidos para cobrar los penales, apareció el orgullo de Fuentealbilla: Andrés Iniesta Luján. La jugada empezó con una gran escapada de Jesús Navas por la banda derecha, éste sirvió para Iniesta que de primera entregó de taco a Fábregas, el del Arsenal abrió el juego hasta Fernando Torres, el Niño falló en su centro pero el rebote le quedó a Cesc, el catalán habilitó a Iniesta y el manchego fulminó la valla de Maarten Stekelenburg.

El festejo de Don Andrés no pudo ser más emotivo, dedico el gol más importante de España a la memoria de su amigo Dani Jarque. Todos sus compañeros corrieron eufóricos a abrazarlo, todos menos uno. Iker Casillas ni siquiera pudo moverse de su lugar, tan pronto cayó el gol se desplomó y estalló en llanto, no pudo contener las lágrimas de emoción.

Cabe señalar, que el gol de España es precedido de un “horror” del árbitro, quien, después de un tiro libre desviado en la barrera y arañado por Casillas, negó el tiro de esquina correspondiente a Holanda y reanudó el juego con un saque de meta. El nefasto arbitraje que, en general, había favorecido el juego brusco holandés, terminó perjudicándolos de la forma más inesperada.

Al final, se le hizo justicia a una generación española brillante, al equipo que desde hace tiempo venía jugando mejor y, por supuesto, al futbol. Creo que jugadores de la talla de Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Carles Puyol e Iker Casillas, que lo han ganado todo, merecían sumar el máximo título a su deslumbrante palmarés y a su sólida carrera.

Lo mejor para los españoles es que esto no parece terminar aquí. España cuenta con jugadores jóvenes de mucha calidad en todas sus líneas que, seguramente, mantendrán la hegemonía y el buen juego.

viernes, 9 de julio de 2010

Una final cíclica


Así es, Sudáfrica 2010 nos dará un nuevo campeón del mundo. Después de dos años de eliminatorias, concentraciones, partidos de preparación y un mes de actividad mundialista, por fin tenemos a los dos equipos que se disputarán la Copa del Mundo: Holanda y España.

Ambos equipos llegaron a esta competencia con grandes expectativas. Por una parte, España ha sido considerado como el gran favorito tras haber ganado la Eurocopa hace dos años y por haber mantenido esa generación dorada, con algunos retoques. Por otro lado, Holanda arrasó en su grupo eliminatorio y también cuenta con una amplia plantilla, de hecho, tres de sus jugadores más importantes (Van Bommel, Robben y Sneijder) disputaron la final de la Liga de Campeones el pasado 22 de mayo.

A pesar del estigma que representa ser “el candidato”, España ha sabido controlar la presión. Al parecer, la derrota ante Suiza en su debut la liberó, le quitó un peso de encima. A partir de entonces, la roja ha venido creciendo y su juego se ha hecho más sólido y fluido, todavía sin llegar al nivel de excelencia que nos tenía acostumbrados.

A diferencia de España, Holanda empezó su camino ganando los tres partidos del grupo “E”. Sin embargo, lo que llamaba la atención era que este equipo ganara con el mínimo esfuerzo, que su juego no hiciera honor a la gran escuela holandesa.

En las semifinales, las dos escuadras tuvieron que forzar la máquina para poder doblegar a sus rivales.

España se midió al equipo sensación del mundial: una Alemania joven, agresiva y muy ordenada. Desde el principio, el equipo de Del Bosque se hizo del esférico y no lo soltó, circuló el balón por todo el campo y buscó el arco de Neuer incansablemente. El conjunto teutón nunca se sintió cómodo, la mayor parte del tiempo se la pasó agazapado en su propio terreno de juego, y cuando recuperaba el balón se le hacía difícil hilvanar ataques pues Busquets y Xabi Alonso hicieron una gran función al cortarle los circuitos de salida.

No es que Alemania haya sido un desastre, lo que pasa es que España dió un partidazo en todas sus líneas. Hizo ver mal al equipo que mejor había jugado. Si me permiten la comparación, parecía un partido Barcelona-Stuttgart en el Camp Nou, donde los alemanes apenas pueden oler la pelota y la mancuerna Xavi-Iniesta maneja los hilos del partido a su antojo. Aún así, los alemanes resistieron 73 minutos de agobio; hasta que, a la salida de un corner, Carles Puyol llegó como una locomotora y conectó de cabeza con tal violencia que el arquero poco pudo hacer. El 1-0 se quedó muy corto para lo que fue el trámite del partido.

Por su parte, Holanda se enfrentó al Uruguay más aguerrido que recuerde. Ante la adversidad de no poder disponer de cuatro titulares (Lugano, Lodeiro, Fucile y Suárez), Óscar Washington Tabárez mostró toda su capacidad y experiencia al mandar un equipo que priorizaba el orden defensivo pero que no desestimaba el esfuerzo hacia el frente. En el primer tiempo, Van Bronckhorst y Forlán aprovecharon las bondades del Jabulani para marcar de larga distancia.

Cuando el juego estaba empatado 1-1 y los dos equipos ya empezaban a pensar en el alargue, Wesley Sneijder y Arjen Robben liquidaron el cotejo en tres minutos (70’ y 73’ respectivamente). La virtud de Holanda fue la misma que en los partidos anteriores: saber matar el partido con un par de zarpazos. Fue casi un golpe de KO que dejó tambaleante a la garra charrúa. Al final, Maxi Pereira le dio una minúscula esperanza al pueblo uruguayo al marcar el 2-3, pero ya fue demasiado tarde, Holanda regresaría a la máxima cita después de 32 años.

El entrenador holandés, Bert Van Marwijk, hace una muy buena lectura de lo que significa esta final. Dice que ellos admiran el futbol de los españoles, que es prácticamente el mismo estilo del Barcelona, club que a su vez fue influenciado por Johan Cruyff, persona que encarna el “futbol total” de la naranja mecánica de los setentas. Es decir, que esta selección española tiene muchos principios de aquella gran Holanda que, a pesar de su brillante juego, se fue dos veces con las manos vacías.

¿Podrá ganar esta vez el equipo que mejor juega o, en vez de eso, triunfará la escuadra que ha dejado atrás el espectáculo por eficacia?

El destino quiso que el octavo campeón del mundo saliera entre el país que revolucionó el futbol en los años setenta y el equipo que actualmente enamora a la tribuna con un estilo propio.

La historia está del lado holandés, el presente clama por el juego de España. De cualquier manera, el domingo se le hará justicia a uno de los dos. Al final saldrá un digno campeón.

lunes, 5 de julio de 2010

La antesala de la gloria


Explotó el mundial en Sudáfrica. Los cuartos de final nos han dejado partidos vibrantes y llenos de emoción, de aquellos que se recuerdan por décadas.

Quizá la sorpresa más grande la dio Alemania al golear 4-0 a Argentina, pues se vislumbraba un choque más parejo. No obstante, el conjunto de Joachim Löw ya venía mostrando su poderío y lo reafirmo con un partido perfecto. A la ofensiva fue demoledor, Schweinsteiger, Özil, Podolski, Müller y Klose se encargaron de hacer pedazos a los cuatro centrales argentinos. Mientras que su aparato defensivo, comandado por el capitán Lahm, supo escalonarse para secar los ataques de Messi, Tévez y Di María.

La abultada derrota argentina tiene su explicación en que Maradona nunca pudo conformar un equipo equilibrado. Todos sabíamos que, hombre por hombre, su delantera era la mejor del mundo, pero dejaba muchas dudas en la conformación de su medio campo y su zona baja. Los encuentros anteriores (Nigeria, Corea del sur, Grecia y México) los sacaron adelante sin convencer a nadie, realmente no significaron un parámetro para este equipo. Fue hasta que se midió con una potencia como Alemania, que quedaron al descubierto todas las falencias del conjunto argentino.

Por lo que he visto, muchos periodistas argentinos critican a su seleccionado. Hablan de que, incluso antes de la goleada alemana, el equipo no venía funcionando como se esperaba. Mencionan que el sistema de Maradona se basaba en la explosión y la pegada, mas no en un juego de conjunto compacto y ordenado como el teutón. Más allá de reprochar la elección de jugadores y el sistema de juego, al periodista argentino (incluso al de perfil crítico) le cuesta mucho ponerse en contra del símbolo de su futbol: Diego Armando Maradona.

No creo que Maradona sea el mayor culpable de este fracaso albiceleste, sino quien lo puso en ese puesto: Julio Grondona. El mandamás del futbol argentino debía saber que Maradona no estaba capacitado para dirigir a la selección, que, aunque representa mucho para el jugador argentino, no aporta mucho más que motivación y manejo de grupo.

Otro partido que se antojaba como una final adelantada era el choque entre brasileños y holandeses. A priori, el equipo de Dunga había ilusionado a todos sus fanáticos con la posibilidad de alzarse por sexta ocasión con la Copa del Mundo. Sin embargo, los brasileños perdieron el rumbo en el partido contra Holanda. Después de haberse puesto en ventaja, los amazónicos se relajaron y dejaron crecer a un equipo que había empezado con ciertas dudas. El encuentro cambió por completo con el autogol de Felipe Melo, combinado con un terrible error en la salida de Julio Cesar. A partir de ahí, el conjunto de Van Marwijk se apoderó del juego y ya no lo soltó. Wesley Sneijder se eligió como la gran figura naranja al provocar el primer gol y marcar el segundo, confirmando la regla: dos cabezazos en el área siempre terminan en gol.

Tal vez, la eliminación de la verde amarela es más decepcionante que la de Argentina. A diferencia del equipo de Maradona, Brasil sí se veía sólido en todas sus líneas. Este Brasil era más efectivo que espectacular, su futbol carecía de belleza estética pero derrochaba orden y eficacia. Esto, combinado con las genialidades de jugadores como Kaká, Robinho o Luis Fabiano los hacía serios candidatos al título. Este tropiezo fue un golpe durísimo que forzó la renuncia de su técnico tan pronto terminó el encuentro.

Un partido que se veía un tanto disparejo en el papel era España-Paraguay. No obstante, fue mucho más que un trámite para los ibéricos. Los del Tata Martino salieron a la cancha con un orden táctico preciso y mucha gallardía, sabían que no podían competir por la tenencia del balón y que sus posibilidades de hacer daño estaban en la pelota parada y el contragolpe. Por otro lado, España no salió en su mejor día, no pudo imponer su juego, en parte por el buen accionar paraguayo, y se le veía ofuscado y sin variantes.

Fue partido muy cerrado, a falta de media hora el partido se abrió con una tanda de penales adelantada. Ni Tacuara Cardozo ni Xabi Alonso pudieron adelantar a sus respectivas escuadras desde los once pasos. No fue sino hasta el minuto 83, que España pudo romper el cerrojo guaraní con una gran escapada de Iniesta; éste dejó solo a Pedro quien remató al poste y no podía ser otro más que David Villa quien hiciera el gol más esperado por la afición española.

El mejor encuentro del mundial se disputó entre Ghana y Uruguay en el Soccer City. Fue una batalla épica, con todos los ingredientes para pasar a la historia como uno de los partidos más dramáticos de los mundiales. Con un zapatazo, Muntari puso a los africanos al frente poco antes de terminar el primer tiempo. El todo corazón Diego Forlán empató el cotejo en cobro de tiro libre, con cierta complicidad del arquero Kingson. A mi parecer, Ghana fue más punzante y peligroso con Asamoah Gyan y Kevin-Prince Boateng que Uruguay con la dupla Forlán-Suárez.

La paridad estuvo a punto de romperse en los últimos minutos de la prórroga. Los charrúas estaban ahogados y sólo aspiraban a llegar a los penales. Fue entonces cuando llegó el momento crucial del partido: la mano de Luis Suárez al remate de Adiyiah. Este recurso, que por su puesto le costó un penal en contra y la expulsión, le dio vida a Uruguay. La figura de los africanos, Asamoah Gyan, no pudo con toda la presión y mandó al travesaño su tiro penal. En ese momento, era más que evidente que Ghana se vendría abajo y Uruguay tendría más posibilidades de ganar. La tanda de penales fue la cereza del pastel. Gyan se redimió al marcar el primer penal de su equipo, pero sus compañeros no lo ayudaron al cobrar con muchos nervios sus respectivos cobros. Por otro lado, los uruguayos fueron más certeros y sólo erraron un disparo. El partido se definía en los pies de Sebastián “el Loco” Abreu, quien, como todos sabíamos, cobraría su penal suave y al centro. Parece que el portero nunca lo había visto tirar penales y se lanzó a adivinar, “el Loco” lo hizo a su manera y le dio el pase a semifinales a Uruguay. Qué manera de cerrar un partidazo.

Esperemos que las semifinales sean tan atractivas como los cuartos de final. Creo que Holanda es favorita sobre Uruguay, más aún por las bajas de Suárez y Fucile por suspensión, y las de Lugano y Lodeiro por lesión. A pesar de todo, Uruguay venderá cara la derrota. Por otro lado, creo que España está lista para dar ese gran paso, no sin antes sufrir contra una joven y rapidísima Alemania, que ha mostrado el mejor juego del mundial. De cualquier forma el espectáculo está garantizado.